miércoles, 9 de mayo de 2018

COMENTARIO ARTE DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX



EL PAPA GRITA (ESTUDIO DEL RETRATO DEL PAPA INOCENCIO X DE VELÁZQUEZ) DE FRANCIS BACON


Francis Bacon (Dublín, Irlanda, 28 de octubre de 1909-Madrid, España, 28 de abril de 1992) fue un pintor irlandés, caracterizado por el empleo de la deformación pictórica. Es un pintor figurativo, pero de una figuración muy característica, al presentar a sus personajes deformes, distorsionados, en nebulosa y solos, en un espacio frío que a veces pareciera una cámara de tortura, trasmitiendo al espectador tensión, violencia e inquietud. Pero su pintura no deja de ser tradicional en la aplicación del óleo, la representación del ser humano, la profunda admiración por los grandes pintores…

En sus pinturas, Bacon se encarga de dejar constancia de energías inmateriales. Una de las energías es el movimiento. En los ensayos para sus autorretratos, por ejemplo, las cabezas de sus personajes son sometidas a un proceso de estiramiento, aplastamiento, contracción y dilatación, en el que finalmente el movimiento como fuerza invisible termina por ser subordinado a la figura. Hay que entender que Bacon fue educado dentro de unos estrictos valores católicos desde su niñez; una infancia en la que sufrió abusos y miserias que evidentemente le marcaron durante toda su vida.
Los personajes y escenas de sus obras no las toma de la realidad, sino que los toma prestados de Velázquez ( el Papa Inocencio X), de Rembrandt (El buey desollado) o sencillamente de revistas o álbumes de fotos.

Bacon residió los últimos años de su vida en España, en Madrid, y visitaba asiduamente el Museo del Prado, donde contemplaba una y otra vez las obras de Diego de Velázquez. Entre ellas le gustaba especialmente el "Retrato del Papa Inocencio X", y de aquella obra barroca realizó su propia interpretación en varias ocasiones a lo largo de su vida.

"El papa grita" es una pintura al óleo de 1953 que actualmente se encuentra en el Des Moines Art Center.

Esta obra representa la expresión atormentada de un papa salpicado de sangre, y que se encuentra prisionero en una construcción tubular, que da la sensación de ser una especie de trono desguarnecido. El fondo está pintado con espectaculares pinceladas verticales, que desdibujan con crueldad la figura sentada, que grita con los puños cerrados. Las fuentes de Bacon suelen ser imágenes reales o tradicionales, como por ejemplo, las obras de los viejos maestros, fotografías de prensa, fotogramas o placas de rayos X. Bacon suele representar a las figuras retorciéndose de angustia, expresando un gran dolor y mostrándonos, de esta manera, la mente humana.

Es necesario comparar el cuadro con el retrato que Velázquez le hace a Inocencio X, ya que se inspira en él. Sin duda, el resultado final es diferente al original, pero tiene algunas similitudes en el plano cromático y psicológico. Nos presenta al papa que en la obra de Velázquez se nos mostraba como todopoderoso, como un personaje patético e impotente. En la obra de Bacon vemos un rostro con rasgos exagerados y deformados, como es normal en todas sus obras. El cuadro muestra un aspecto espeluznante.

La elegante sotana del Sumo Pontífice del siglo XVII aquí se transforma en un simple batín de hospital, y el personaje en lugar de estar en una actitud regia, lo vemos gritando sobre un trono que parece haberse transformado en una silla eléctrica, que se ilumina para darle una descarga mortal. En el retrato de Bacon, vemos al Papa gritar detrás de una cortina. Las "potencias ocultas" podrían hacerle gritar a aquel que nunca debe ser visto gritando.

Las líneas diagonales de la parte baja del cuadro podrían absorber esa electricidad para mandársela a la silla en sentido ascendente, mientras que las líneas verticales serían esas corrientes que atraviesan la carne del personaje y se convierten en líneas muy irregulares. Está ubicado en un trono distorsionado que provoca una confusión visual. La construcción es tubular.




Artísticamente le fascinaba la obra de Velázquez, pero eligió al personaje retratado para convertirlo en el emblema de los horrores cometidos en nombre de la religión a lo largo de la historia. Por eso, nos presenta un personaje exageradamente expresivo, con puños cerrados y un rostro cadavérico, transformado en una imagen realmente fantasmagórica.

La obra original de Velázquez de 1650 fue reinterpretada por Francis Bacon en más de cuarenta pinturas, estudios y bocetos tres siglos después. Fue una obra a la que recurrió varias veces desde desde el año 1940.


No hay comentarios:

Publicar un comentario